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¿Cuánto te conoces?

¿Cuánto te conoces?

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Todos pensamos que nos conocemos muy bien, pero es más complejo de lo que parece. El autoconocimiento se lleva a cabo durante toda la vida y es muy importante porque repercutirá en como afrontemos los problemas u obstáculos que se nos presenten. En este caso en concreto, el conocernos realmente influirá en alcanzar nuestro objetivo con la pauta dietética.

Este autoconocimiento se divide en tres aspectos: autoimagen, autoconcepto y autoestima.

El autoconcepto es el conjunto de creencias que tenemos acerca de nosotros mismos. Son percepciones formadas a raíz de cómo el resto de personas reaccionan con nosotros y se compone por la imagen corporal y la identidad personal (valores éticos y morales y cómo esperamos ser).

Gracias a este sabemos distinguir nuestras virtudes y defectos, tanto físicas como de personalidad.  Por ello, si tenemos un autoconcepto negativo podemos sentirnos incómodos con nuestro físico, nuestras relaciones sociales o nuestra forma de ser. En cambio, si tenemos un autoconcepto positivo tendremos confianza en nosotros mismos y en los demás, tomaremos buenas decisiones y la aceptación de los cambios en la vida será mayor.

 

La autoimagen es el modo en el que nos vemos físicamente,  los sentimientos y los pensamientos hacia uno mismo; forma impresiones y actitudes hacia nosotros y hacia nuestro entorno. Es decir, es la evaluación global subconsciente que hacemos sobre nosotros. El haber recibido críticas destructivas, tanto de otras personas como de nosotros mismos, puede provocarnos tener una autoimagen pobre. Por ejemplo, personas perfeccionistas pueden tender a tener una pobre autoimagen debido a las expectativas inalcanzables que se proponen.

La mayor diferencia entre el autoconcepto y la autoimagen es que uno es consciente y el otro no y está muy influido por las emociones, respectivamente.

 

La autoestima es la forma en la que nos queremos y nos apreciamos. Esta juzga la evaluación que hacemos sobre nosotros, es decir, la autoimagen nos evalúa distingue entre nuestros puntos fuertes y débiles, y la autoestima juzga si nos gusta o nos disgusta nuestra autoimagen. No son pensamientos, es la forma en la que nos dirigimos hacia nosotros mismos, cómo nos hablamos, y depende de la autoimagen.

 

Vamos a poner un ejemplo para entenderlo mejor:

Soy perfeccionista (autoconcepto) –>  Me veo capaz de permanecer mucho tiempo en una tarea (autoimagen) –> Me gusta/me disgusta ser así (autoestima).

Otro ejemplo, respecto al seguimiento de una dieta sería:

Me veo así (de X forma) físicamente (autoconcepto positivo o negativo) –> “Me veo capaz de seguir la pauta dietética y el entrenamiento establecido” (buena autoimagen) o “soy incapaz de seguir una dieta más de X tiempo y de ir al gimnasio” (pobre autoimagen) –> “Eres  un desastre, no vas a conseguirlo nunca” (baja autoestima) o “Tú puedes, aunque esta semana no lo hayas conseguido lo estás haciendo bien, la que viene seguirás como hasta ahora” (alta autoestima).

Como veis, la idea general que tenemos acerca de nosotros mismos, las críticas que nos hacemos, las emociones y sentimientos diarios que tenemos y el saber gestionarlos y la forma en la que nos hablamos y nos dirigimos a nosotros mismos puede, más que influir, determinar nuestro éxito o abandono con la pauta dietética. Únicamente depende de nosotros mismos.

Es conveniente reflexionar sobre cómo actuamos o qué pensamos acerca de nosotros en estos tres aspectos. Así, poder corregir o reforzar nuestros puntos débiles o en los que nos encontremos más desmotivados.

 

En el siguiente post propondremos algunos ejercicios para analizar todo esto, conocernos mejor y conseguir nuestro principal objetivo: sentirnos sanos.

 

Recuerda que el término “salud” abarca no sólo el físico, también la parte mental y social y todas se encuentran interrelacionadas. Enfocarnos únicamente en el físico, si eso conlleva malestar personal o social, no nos llevará a sentirnos bien con nosotros mismos, a aceptarnos y querernos tal y como somos sacando nuestra mejor versión.

“La persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres tú. Ten cuidado acerca de lo que te dices a ti mismo.”

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