Beatriz Colorado

Beatriz Colorado

Cómo he llegado hasta aquí

Siempre me ha gustado cuidarme. Desde que tengo uso de razón he leído cuanto ha caído en mis manos sobre salud, deporte, belleza y nutrición. Con 9 años gastaba mi paga semanal en revistas pero ya rechazaba mi cuerpo que empezaba a desarrollarse. Toda una prisión. Soy la mayor de 5 hermanos en una familia con un padre que le daba importancia a comer bien y en mucha cantidad y una madre obsesionada con la belleza y el físico, así que cada comida era una lucha entre la ansiedad y la presión por tener un cuerpo esbelto. Nutricionista en Valencia

Con 15 años empezó lo peor. Sin nadie que me advirtiera de que lo que venden los medios de comunicación no es real entré en un círculo de anorexia y bulimia: durante semanas podía ingerir un tomate o un yogur al día para pasar a comer de manera compulsiva y a vomitar hasta seis veces al día. Mis manos se llenaron de cicatrices porque me clavaba los dientes en ellas al provocarme el vómito y mi pelo se caía a mechones. Cada noche me acostaba pensando en empezar a intentarlo al día siguiente, así que me levantaba a las 6 de la mañana para entrenar duro y me iba sin comer hasta el mediodía, llegando de clase exhausta. Igual conseguía llevar ese ritmo dos o tres días pero cualquier frustración (ese chico que no me mira, ese examen en el que no he sacado sobresaliente) me derrumbaban y de nuevo, con la comida como consuelo, vuelta a empezar. Por supuesto perdí amigos y mi vida social se redujo a cero. ¿Quién quiere compartir una pizza o unas cervezas con alguien que sólo toma agua?. Me inventaba mil excusas (estoy enferma, ya he comido…). Después, directamente, dejé de salir. Pensaba que si el infierno existía debía ser aquello.

No-perfección = Moderación

No puedo decirte cuál fue el momento de inflexión. Quizá conocer a mi pareja, ser madre o el paso de los años que me ayudó a mirar dentro de mí y decir basta. Lo que sí tenía muy claro es que no quería que mis hijas pasaran por el mismo infierno que yo. Tenía que hacer algo: darles ejemplo.

Hoy puedo decirte que me siento sana y feliz. Sería ingenuo pensar que uno se libera de la carga del físico cuando lo ha mamado desde niño porque no es así, pero he conseguido canalizar las frustraciones de otra forma, ser más indulgente conmigo misma y más moderada. Ya no busco la perfección pues no existe. Intento sacar lo mejor de mi misma en el momento en el que estoy, que puede ser cambiante. Hay cosas que no puedo controlar, como un atasco o la adolescencia de mis hijas, pero sí la forma en que reacciono ante ellas. Para ello es clave la forma en que cuido mi cuerpo a través de una nutrición positiva y saludable y del ejercicio físico, mi respuesta al estrés emocional y el control de mis pensamientos a través del yoga y la meditación. Lo que en un inicio fue una obsesión, mantenerme en forma, hoy se ha convertido en mi profesión. A veces en broma digo que gracias a todo ese tiempo perdido leyendo revistas de nutrición y a tanto sufrimiento de adolescente hoy puedo ayudar a otras personas a sentirse mejor.

Saca lo mejor de ti mismo

Y es que creo que todos nos enfrentamos más tarde o más temprano a problemas parecidos. Lo que cambia es la forma en que nos enfrentamos a ellos. Construir una actitud que nos vacune para cualquier situación adversa pasa por hacer fuerte nuestro “yo”, tanto por dentro como por fuera. Y para eso ayuda, y mucho, cuidarnos:

  • Si te nutres bien, tu cuerpo, tu mente y tu estado emocional te lo agradecerán. Cuando sepas lo que funciona bien para tu cuerpo (ya sabes que eres único) y aprendas que saludable y sabroso pueden ir unidos, la comida pasará a ser un elemento positivo que estimule tu cuerpo y tu mente y te ayude a encontrar tu peso saludable y a recuperar tu autoestima, humor y energía para enfrentarte a todo.
  • Si te mueves pondrás tu cuerpo en condiciones para sentirte mejor, más fuerte y más ágil. Oxigenarás tu mente y la relación con tu cuerpo cambiará, lo cual se verá reflejado en tu relación contigo mismo y con los demás.
  • Si te tomas unos minutos al día para mirar dentro de ti y preguntarte ¿qué es lo que quiero? Si te felicitas interiormente por tus logros y los fracasos no los usas para castigarte y hundirte sino para enseñarte, estarás en el buen camino. Sal de tu círculo de confort, apaga la televisión o deja ese libro por unos minutos. Para, piensa, búscate.

Una dieta o unos días de ejercicio son una tirita, un parche provisional que esconde el verdadero problema. Yo te propongo un cambio a nuevos hábitos de vida que incluyan el conocimiento y la aceptación de ti mismo para sacar lo mejor de ti. Tranquilo, no te propongo un cambio radical. Se trata de pequeños avances que puedes ir integrando en tu día a día. Se trata de sacar el máximo partido a la vida que ya tienes. Déjame ayudarte…